Para el creyente humilde, la Liturgia es una muestra justa de cariño hacia Dios. Para el soberbio, es una carga que se opone a su afán de protagonismo. Por eso en este folleto se explica sobre la relevancia indiscutible de una postura litúrgica: DE RODILLAS.
Aprendamos pues, de los Patriarcas, de los Profetas, de los apóstoles, de los Santos…, del leproso, del ciego… y cumplamos al orar, al pedir perdón, y sobre todo a comulgar, con el mandato divino: “Ante Mí toda rodilla se doble” (Is 45, 22; Rom 14, 11).