El autor ofrece las presentes reflexiones en este tiempo de oscuridad, de confusión y extravío de la Fe para la formación básica de la misma y como guía de vida.
Frecuentemente los razonamientos y los discursos humanos, aparentemente bien pensados y que muestran finalidades buenas pero secundarias, a menudo esconden una intención que se separa de Dios. Así son las sugerencias y las tentaciones del padre de la mentira.
Enseñar la Fe es comunicar la Verdad, la única Verdad sobrenatural y absoluta, que es el mismo Jesucristo, el cual ha dicho: “YO SOY LA VERDAD”.
En la medida que conocemos una cosa la amamos, y amándola la apreciamos, la deseamos, la poseemos de hecho, la pedimos y la recibimos. Conocer las verdades del Señor es un don de Dios, darla a conocer es iniciativa suya, pero es necesario –una vez que llega una primera noticia– abrir el corazón al Señor y buscarlo.
Nuestra eternidad ya está aquí y ahora. Cada acto es imborrable, imperecedero: cada instante de nuestra vida, como cada suceso, grande o pequeño. ¡Cada acto nuestro, en su instante, tiene valor de Eternidad!